El BLOG del director

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contrapensamientos inundados

Este fin de semana hemos sufrido unas fuertes lluvias que han desbordado algunos ríos y han provocado inundaciones de bajos, garajes y locales en el País Vasco, especialmente en Bizkaia y muy concretamente en mi pueblo: Getxo.

Es un asunto muy molesto y caro que a uno se le inunde el garaje y su coche se llene de barro o se inutilice. Es también una contrariedad que el portal se te inunde (a nosotros se nos inundó el portal cuando vivíamos en Mungia, en las lluvías del 2001 y no fue especialmente gracioso). Hay ciertos casos en que los daños han sido costosos y los perjuicios graves, pero precisemos, son los menos, no la generalidad. Ha habido sustos importantes, sobre todo entre quienes cuidaban de menores o de personas mayores o dependientes, pero paremos un momento: no toda peripecia nocturna se nos puede presentar como un drama límite e insoportable.

Y es que quería hacer un par de reflexiones sobre los que me ha parecido un tratamiento mediático un tanto excesivo y amarillista de las inundaciones. Parece como si, acostumbrados a ver en la noticias ecos de grandes desastres lejanos, estas lluvias nos dieran nuestro cuartito de hora de protagonismo catastrófico, nuestra cuota de situación límite, nuestro lugar en el mundo de la noticia del desastre y la emergencia. “Lo ha arrasado todo”, se lamenta quien enumera a renglón seguido los males de su comunidad: el ascensor no funciona, todo un día sin electricidad y sin agua, el coche dañado…

La indignación parece que mal mide la dignidad de uno: alguien tiene que tener la culpa. Desde luego el gobierno (me da igual aquí si el municipal, el foral, el autonómico, el estatal, el comunitario o el sideral, y a qué partido o facción pertenezcan). Y claro, los poderes públicos, en un ejercicio de extraña pedagogía cívica, dan la razón por sistema a la indignación y se acusan entre sí de imprevisión o mala reacción (carezco de elementos para saber si la hubo o no, dónde y cómo, en qué niveles y grados… pero veo posible que la hubiera).

Pues bien, el hecho es que a veces llueve y no siempre se puede predecir con exactitud, por muchos servicios metereológicos que contratemos, cuándo “se va a pasar de la raya”. Pues bien, hemos construido medio país sobre los cauces de los ríos y eso no tiene más arreglo que “deslocalizar” el país, desecarlo o convivir con ello (aunque se pueden seguir poniendo parches y aminorando los riesgos, que no anulándolos, y mejorando los sistema de reacción, claro está).

De vez en cuando el garaje o el local, si están en lugares de crecida natural del río, se van a inundar. Para eso se inventaron los seguros y las bombas de achique.

Otro podrá añadir: para eso se inventaron los políticos, para poder echarle la culpa a alguien de lo que te pasa. La verdad es que su actuación en este caso parece darle la razón ese “otro” imaginario que aquí se me cuela.

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